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Isla De Bali

La isla de los dioses
Si existe un lugar en el mundo bañado por dos océanos donde se pueda aplicar sin ruborizarse el tópico de paraíso tropical, ese lugar es la isla de Bali. 

Su capacidad de seducción no ha pasado desapercibida para miles de viajeros, aventureros, artistas, trotamundos, comerciantes y tantos otros que una vez llegaron, vieron, se enamoraron y se quedaron definitivamente en la “Isla de los Dioses”. Y es que la luminosidad, la belleza paisajista, el clima, la música, las artes en todas sus facetas, la suavidad de la vida y la sus gentes han sido desde siempre elementos para tildar a un lugar como paraíso tropical, y razón más que suficiente para que más de uno perdiese la cordura. Nada de todo esto le falta a Bali 

Sin duda lo que encontraron en la isla los primeros navegantes europeos que surcaban estas aguas en su ruta en busca de las preciadas especias, era el paraíso soñado. La evidencia descarada y más antigua que se conoce de esta demencia por el paraíso fue la que protagonizaron algunos de los miembros de la tripulación del Houtman, un buque de bandera holandesa que recaló en las costas balinesas en 1597 y que tras probar las mieles del paraíso renunciaron regresar al barco para quedarse a vivir para siempre en la isla.

Bali es además un rincón del hinduismo, un fortín religioso y social sólido e inexpugnable, enganchado al carro del país musulmán más grande del mundo compuesto por un collar de 17.000 perlas que son cada una de las islas que integran la república de Indonesia, pero que gracias a su peculiar estatus político y religioso ha sabido conservar sus tradiciones milenarias. 

En Bali se practica aún el arte de la conversación, algo que dice mucho de la conservación de las tradiciones de un pueblo Al tiempo que aparece el desarrollo y los modos de vida del mundo industrializado que ha traído el turismo, grupos de ancianos continúan enseñando a los más jóvenes a la sombra de una gigantesca higuera silvestre en una aldea de la montaña los pasos de una danza o las metálicas notas de un gamelan, por no mencionar los largos desfiles de niñas ataviadas con laboriosos trajes camino de los templos y con sus cabezas cargadas de ofrendas de mil colores para sus dioses que siguen inundando de esplendor y riqueza la isla. 

Y es que aquél que dio a la isla el primero de los mandamientos, el nombre de la “Isla de los Dioses” no se equivocó. Por cada poro de su relieve rezuma religión en el más amplio sentido de la palabra, religión tangible para el viajero como en pocos lugares de la tierra y que camina de la mano con la cultura y las artes ambas herencias directas también de la religión.. 

Las enfermedades tropicales a penas entran en sus estadísticas, la malaria, el tifus o la fiebre amarilla son términos casi desconocidos para la mayoría de los balineses. El desarrollo a veces ligeramente violento que ha traído el turismo ha borrado de un plumazo los inconvenientes del trópico, el calor, la humedad y las enfermedades se combaten con ingenio y la fuerza del dinero para satisfacer al visitante más exigente. 

Colosales complejos hoteleros y de ocio - algunos considerados como los mejores del mundo- donde el lujo en sí mismo es la razón de ser, al borde de majestuosas playas de infinitas arenas blancas inmaculadas o grises del volcán y de aguas esmeraldas, compiten con íntimos hoteles con encanto con sus habitaciones al mismísimo borde del océano donde se respira la brisa salobre del crepúsculo a la sombra de una palmera y se ve como el agua y la espuma de océano perfilan y acicalan la arena de sus playas o los acantilados de Bukit. 

Pero no sería de justicia reducir las glorias y los encantos de la isla solo a sus playas y al sol del puro trópico. Sus aguas, sobre oxigenadas por las corrientes de Indico y el Pacífico son un fantástico reducto de fauna marina y un lujo para los amantes del buceo. Tiburones ballenas, matas rayas, tortugas gigantes, corales de mil colores y formas sin nombre son parte de una Naturaleza salvaje y oculta, un noble homenaje al imperio de los sentidos y envidia del más logrado de los caleidoscopios. El interior es una sucesión de montañas salpicadas de terrazas de arroz perfectamente medidas que recuerdan a las curvas de nivel de un mapa, los más románticos verán en ellas las escaleras que las divinidades de la isla utilizan para subir al mismo cielo. Se muestra un paisaje ascendente y verde que hay que “patearlo” despacio, para digerirlo como se merece semejante estampa y para poder practicar el arte de la contemplación y la conversación con los campesinos o con las mujeres que acuden a su cita con los dioses de sus templos. Y arriba en las cumbres, los volcanes de vez en cuando despiertan y escupen chorros de humo para recordar que están allí y que la Isla de los Dioses aún sigue viva. 

Historia

Introducción
Según los antiguos escritos, en el principio de la vida no había nada, más tarde fue creada una tortuga que surgió del océano y apoyada en concha portaba la isla de Bali. Sobre el océano se encontraban las almas de los antepasados sumidas en un eterno descanso y sobre estos el reino de las deidades que observaban la vida. El reino de los océanos estaba habitado por las fuerzas del mal y demonios del infierno y situados entre ambos reinos y fuerzas negativas y positivas se encontraban los hombres.

Bali, posee una rica y variada tradición cultural fruto de la mezcla e influencia de varios pueblos que a lo largo de la historia han dejado a su paso parte de su propia cultura que la enriquecieron en todos los aspectos. Chinos, Hindúes, Javaneses, la influencia de las potencias coloniales y más recientemente el turismo occidental actual han dado forma al arte, la religión, la música y han sido la base y esencia de sociedad balinesa en general y del carácter de sus gentes. El complejo entramado de tradiciones y creencias exquisitamente conservadas que ha hecho hablar a los antropólogos de una sociedad fosilizada. 

El “Homo Erectus” vivió en parte de la actual Indonesia hace 350.00 o 800.000 años, durante las grandes glaciaciones. Con las glaciaciones, el descenso de las aguas de los océanos, islas como Sumatra, Borneo, Java y Bali quedaron unidas en lo que se llama la península de Sonda. Su unión permitió la colonización de nuevas tierras por parte de los primeros humanos que se distribuyeron y colonizaron todo las islas adaptándose a los nuevos recursos. 

En 1890 restos óseos del “Hombre de Java” fueron hallados en Java y en el norte de Bali, en el pueblo de Sembiran se descubrieron asentamientos humanos con restos de hachas de piedra directamente relacionados con el “Hombre de Java” vestigios estos de las grandes migraciones. Estas herramientas se encuentran hoy en el museo de Pejeng, en el distrito de Gianyar. 

Poco más se sabe de este pasado lejano de Bali. Las sucesivas oleadas de sus pobladores sobre todo mongoloides llegados probablemente de China meridional han ido difuminando y dispersando su pasado hasta el punto de que hoy en día resulta difícil hallar la raíz de algunos grupos balineses. 

Dos fueron las grandes rutas migratorias utilizadas por los primeros humanos para colonizar el archipiélago indonesio, una de ellas fue a través de Tailandia y Malasia hasta Sumatra y otra desde Filipinas hasta Sulawesi y Borneo. 

Durante el Neolítico, hace unos 3.000 años la fabricación de herramientas de piedra y recipientes de arcilla fueron siendo más sofisticadas y las técnicas de cultivo más productivas. Vestigios de estas herramientas fueron hallados en Celik, pueblo situado en el oeste de Bali. Las herramientas de piedra y de metal compartieron escenario en la isla de Bali a través de muchos años y fue durante la Edad del Bronce cuando numerosos pueblos asiáticos y entre ellos el balines se vieron influenciados por el Dong Song, floreciente cultura del bronce que venía desarrollándose en Anna, y Tonkin, en el norte de Vietnam plasmados sobre todo en instrumentos musicales como tambores y gongs. 

El más famoso de estos tambores encontrados en el Sudeste Asiático y fabricados en Bali es la “Luna de Pejeng”, un tambor de bronce fundido de casi dos metros de altura y uno y medio de diámetro. Su fundición se realizó hace unos dos mil años en dos partes con aleaciones de cobre, plomo y estaño por el procedimiento de la cera perdida. Delicados dibujos geométricos y círculos concéntricos adornan su superficie que han influido en los diferentes estilos artísticos de Oceanía. Piensan los balineses que el tambor se trata realmente de una de las ruedas del carro de la luna o uno de sus pendientes y que cayó sobre un árbol. Se encuentra en el museo de Purbakala Pejeng, en el distrito de Gianyar. 

De las migraciones llevadas a cabo hace unos dos mil años quedan algunos posos culturales comunes a otras culturas de las islas de Pacifico como los sistemas de navegación a vela y las embarcaciones, la raíz de ciertas ceremonias religiosas y sociales, las clasificaciones sociales y familiares dentro de la comunidad, el valor que se le da al cerdo en ciertas ceremonias, el consumo de la nuez de betel

La dinastía de Warmadewa
Bali estuvo bajo la influencia de los reinos de Java desde el siglo VI hasta el siglo VIII, algunas inscripciones realizadas por los soberanos balineses muestran la larga relación que existió entre las dos islas 

Desde el siglo X hasta el siglo XII la dinastía de los Warmadewa estableció unos vínculos directos con la vecina Java y sus gobernantes. 

Algunos inscripciones realizadas sobre piedras en lengua sánscrita encontradas en Sanur y que datan del año 914 DC muestran la conexión que existió entre Java y los reinos balineses que ya había adoptado la religión hinduísta y sometido a los reyes de Java. El estilo de vida balines se había transformado paulatinamente, los lugares de baño, las esculturas de bronce, la arquitectura de los templos y el corte de sus piedras, las esculturas comenzaban a tener ciertos lazos con las cortes javanesas. 
La unión entre el príncipe Udayana de la dinastía Warmadewa procedente del este de Java con la princesa balinesa Mahendradatta en el año 989 DC unió más los lazos existentes entre ambos reinos. El príncipe Airlangga (991-1046) fue el hijo fruto de la unión de ambos príncipes y siendo aún muy joven fue enviado a Java para continuar su educación de la mano de su tío Dharma Wangsa. Al poco tiempo de llegar a Java el reino de su tío fue atacado por fuerzas del príncipe Sriwajaya poniendo fin a la vida del monarca. Airlangga ascendió al trono de su tío llegando a ser uno de los monarcas más importantes de la historia de Java. En esta época la lengua de la corte javanesa conocida como kawi era utilizada por la realeza de Bali y los sabios comienzan a difundir los y redactar los clásicos de la literatura javanesa, en particular los kekawin, poemas rimados de estilo indio. Tras la muerte de Airlangga su imperio se dividió bajo el poder de su hijo pero Bali siguió conservando su estado de semi independencia hasta la llegada del rey Kertanagara (1268- 92) procedente de la dinastía Singhasari de Java (1222- 1292) al poder y terminando con los últimos miembros de la dinastía Warmadewa en 1284. El monarca practicaba una forma de hindobudismo tántrico siendo el origen de la preocupación de los balineses por los asuntos relacionados con la magia negra. Su política expansionista le llevó a lanzar una campaña sobre Sumatra en 1275 y Bedulu, uno de los reinos balineses. El poder de Kertanagara solo duró ocho años hasta que fue asesinado en 1292 y su reino se derrumbó. Los príncipes balineses sacaron provecho de la confusión y los recuperaron los reinos perdidos, sin embargo su hijo ya había fundado la dinastía y reino de Majapahit cuya hegemonía se extendió por el este de Java y todos los puertos e islas del mar de Java durante la mitad del siglo XIV. En 1343 el rey Radjasanegara de la dinastía Majapahit envió a Bali a Gajah Mada un general al mando de un poderoso ejercito y acompañado por nobles javaneses que terminaron por someter a los reinos rebeldes balineses que no reconocía la supremacía Majapahit. La nueva capital y la corte se levantó en Samprangan, junto a la actual ciudad de Klungkung y a los pies del volcán Angung en la parte oriental de Bali. En sus alrededores pronto se instaló una notable cantidad de vasallos y artesanos al servicio de la nueva corte trayendo consigo influencias javanesas como los sofisticados cultivos de arroz sobre terrazas, la cría de animales domésticos, las herramientas de metal, la arquitectura o incluso las peleas de gallos. El actual sistema de división en cuatro castas en Bali y los rituales crematorios fueron introducidos probablemente durante esta época. Bali se convirtió en una colonia de Java al igual que otras muchas islas que sucumbieron a su poder. Algunos “bárbaros” resistieron durante algunos años la invasión y culturización javanesa otros se retiraron a las montañas aislándose por completo de cualquier influencia extranjera, son los llamados Bali Aga o Bali Mula cuya legendaria cultura ha sobrevivido hasta hoy en día. 

Históricamente hablando puede considerarse que Bali hoy es un “fósil viviente” de lo que fue la civilización Indo-javanesa durante la dinastía Majapahit y que aún se conserva en mucho de sus aspectos básicos.

En 1460 la capital se desplazó a Gelgel cerca de Klungkung sede del Dewa Agung o el “rey de Bali” y la capital comenzó a experimentar una notable espiral de florecimiento artístico y cultural, su influencia pronto se extendió y caló por toda la isla. 

Gelgel no asumió el pleno poder político sobre los otros pequeños reinos balineses pero resultó ser un influyente y respetado núcleo de poder que recaía sobre la figura semi divina del “Dewa Agung”. Durante dos siglos una línea sucesoria de reyes y príncipes se relevaron enriqueciendo y desarrollando una peculiar mezcla de culturas Hindo- balinesas. Dalem Batu Renggong fue uno de los soberanos más influyentes en la dinastía de Gelgel, expandió sus dominios invadiendo y colonizando las vecinas islas de Lombok y Sumbawa y la península de Blambangan en el este de Java. Durante su mandato se levantaron nueve grandes templos por toda la isla de Bali, Pura Besakih, sería el “templo madre” y otros como Pura Penulisan o Gunung Kawi que aún se conservan. Cuando el Islam se extendió por Java el reino de Majapahit se vio envuelto en una serie de luchas de sultanatos que terminaron por desmoronar el reino, muchos de los intelectuales, arquitectos, escultores, músicos y bailarines se exiliaron en Bali experimentando una gran eclosión de actividades artísticas. Entre ellos se encontraba Nirartha, sacerdote artífice de la expansión religiosa y antepasado de todos los Brahamanes balineses. A él se deben los complejos rituales y ceremonias religiosas hinduistas y la edificación algunos de los más importantes templos de Bali como el de Uluwatu o el de Tanah Lot.

Durante el siglo XVII la mezcla de intereses divergentes de los reyes y príncipes balineses formaron una serie de estados dinámicos inspirados en ocasiones por las voluntades divinas de sus soberanos que lograron unir y separar los nuevos reinos independientes aún dependiendo estos del poder central asentado en Gelgel. Una de estas sublevaciones llevaron a la familia real de Gelgel a abandonar su trono empujado por ministros rebeldes. 

El periodo europeo
Bali permaneció ignorada por los navegantes europeos hasta el siglo XVI. Apenas figuraba en los mapas bajo la sombra de “Java mayor” la actual Java con el nombre “Java menor”. Con unas tierras desafortunadas en especias, marfil o maderas preciosas y más aún sus costas sin apenas puertos naturales seguros, aguas profundas y peligrosas mareas y corrientes no hacían interesante la isla por parte de las potencias coloniales con presencia en Asia. Su relativo aislamiento de influencias extranjeras permitió un ininterrumpido florecimiento de las artes como en ninguna otra isla de la región y la creciente actividad comercial en todo el sudeste asiático pronto atrajo la atención de la pequeña de las islas del mar de Sunda por su privilegiada posición geográfica. La fiereza de sus guerreros, la calidad de los trabajos de sus artistas y la belleza de sus mujeres eran ya conocida por algunos navegantes y tímidamente el nombre de “Balli” fue apareciendo en las cartas marinas. 

Británicos, holandeses y portugueses se disputaron el privilegio de ser las primeras potencias coloniales en establecer relaciones comerciales con Bali. El pirata inglés Francis Drake arribó a sus costas en 1580, cinco años más tarde marinos portugueses intentaron sin éxito tras encallar su nave en la península de Bukit establecer una base comercial en Bali. Finalmente en 1597 una pequeña flota de naves de guerra holandesa al mando del almirante Cornelius de Houtman llegó a Bali tras una larga travesía de 14 meses desde que partieron de Holanda. Solo 89 de los 249 hombres que iniciaron la travesía lograron terminar vivos el azaroso viaje. Los marinos permanecieron una larga temporada en el paraíso posponiendo su regreso en varias ocasiones. Rezan las crónicas de aquel viaje que el rey de Bali poesía un harén de 200 mujeres, cincuenta enanos cuyos cuerpos habían sido curvados como la empuñadura de un machete y un carro tirado por dos búfalos blancos. El atractivo de la isla y sobre todo la hospitalidad de sus gentes provocó la estampida de la tripulación en el momento de comunicarles la fecha definitiva de partida. A su llegada a Holanda, Houtman informó del descubrimiento de un nuevo paraíso en junto a Java. 

Su situación se ve favorecida cuando los holandeses fundan la ciudad de Batavia (Jakarta) y se convierte en el centro de una red comercio internacional. La Compañía Comercial Holandesa de las India Orientales fundada en 1602 y formada por empresarios holandeses poseían su propia armada para garantizar la seguridad y el transito de sus barcos centraban sus intereses principalmente en el comercio de las especias que llegaban de las islas Molucas. Durante años después de su descubrimiento Bali, poesía un escaso interés comercial para la Compañía hasta que los soberanos balineses comenzaron a proporcionar esclavos capturados en la isla de Sumbawa y criminales a Batavia enriqueciéndose con este lucrativo comercio. La repentina erupción el 5 de abril de 1815 del volcán Tambora en Sumbawa devastó la isla, su altura disminuyó de 4200 metros a los actuales 2851 y 150 kilómetros cúbicos de lava y cenizas sepultaron a unas cincuenta mil personas, la mitad de la población de la isla (Figura en el libro Guiness de los Record como la mayor erupción volcánica conocida en la historia geológica moderna). El numero de esclavos mermó y el tráfico disminuyó en parte también por las exigencias morales y la consolidación de las potencias coloniales. Todo esto forzó a buscar nuevos productos para comerciar, arroz, copra, cabras, cerdos, tabaco y sobre todo café atrajeron a nuevos comerciantes incluido ingleses. A cambio Bali recibía opio, telas, rubíes y armas. A principios de siglo XVIII muchos de estos esclavos balineses fueron enviados a Sudáfrica hasta llegar a constituir un tercio del numero total de esclavos. Los comerciantes chinos tenía una especial predilección por las concubinas balinesas, al contrario que las musulmanas javanesas estas eran más sumisas y trabajadoras y sobre todo por su religión que no las impedía criar y comer cerdos. Según sus cualidades físicas, el precio de las mujeres balinesas alcanzaban en el mercado 30 y 50 y en ocasiones hasta 70 doblones de oro españoles.

A comienzos del siglo XIX las potencias coloniales europeas ambicionaban ampliar sus imperios, Holanda ya había asentado su hegemonía en casi todo el archipiélago indonesio y la independencia y prosperidad de Bali comenzaba a ser un obstáculo molesto para sus planes de expansión.

En 1846 un buque holandés náufraga en la costa norte de Bali y los balineses saquean la nave. Se trataba de una costumbre local ampliamente aceptada de apoderarse de todo aquello que el mar devolviese a tierra. Cuando los holandeses trataron de averiguar los sucedido fueron recibidos violentamente y esto fue la excusa perfecta para que planeasen tomar represalias sobre algunos de los reinos implicados en el saqueo. 

En junio de 1846 una expedición de castigo compuesta por 23 naves y unos 3.000 hombres llegaron a Bali. Armados con rifles y cañones se encontraron con la oposición de 50.000 balineses armados tan solo con lanzas de bambú y machetes. Cuatrocientos balineses fueron asesinados y el palacio real de Singaraja destruido. El rajá se vio forzado a firmar un nuevo tratado de sumisión y a indemnizar con 400.000 guilders y aceptar una guarnición militar en Buleleng. En junio de 1848 tras violar los tratados firmados una nueva intervención militar holandesa se vio forzada a sofocar los focos de resistencia pero el joven príncipe Gusti Ketuk Jelantik, hoy reconocido como héroe militar en Indonesia, lideró una feroz resistencia que terminó en desastre para los holandeses que fueron cercados y derrotados en el fuerte de Jagaraga. Bali se convirtió en una pesadilla para la potencia colonial que en abril de 1849 envió desde Java la mayor expedición militar conocida en el archipiélago a la isla rebelde compuesta por 5.000 soldados, 3.000 mercenarios y 60 barcos. Tras dos días enfrentamiento Jelantik y Buleleng y el fuerte de Jagaraga fueron derrotados y 20.000 soldados al mando del rajá de Buleleng se rindieron a los holandeses. En mayo los reinos de Karangasem y Klungkung igualmente fueron dominados al tiempo que las tropas holandesas invadía el sur de Bali. 

Holanda logró consolidar su hegemonía en el norte y lucrativo negocio del cultivo del café prospero rápidamente. En 1882 la Compañía Comercial Holandesa de las Indias Orientales administró directamente Buleleng y Jembrana. En parte se vieron beneficiados por las guerras internas que se venían sucediendo entre los reinos balineses que luchaban incluso contra los reinos de la vecina isla de Lombok.

En 1894 comenzó la guerra de Lombok con el desembarco de las experimentadas tropas holandesas en la isla y la captura de su capital, la ciudad de Caakranegara, parte de la familia real fue asesinada extendiendo así Holanda su jurisdicción hasta Lombok. 

Isla de Bali Por Alfonso Carrasco © 
Email: Alfonso Carrasco 

 

 

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