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La
Isla De Bali
La pintura balinesa actual
Los gustos occidentales han influido notablemente en los artistas balineses, y desgraciadamente, algunos se limitan a producir en serie obras que de antemano saben que tendrán compradores entre la avalancha de turistas que visitan la isla. Estas producciones en ocasiones ni siquiera tienen motivos tradicionales balineses o reproducen obras de artistas consagrados o estilos ya establecidos.
Gran parte de la pintura actual se ejecuta en pequeños estudios colectivos donde los maestros enseñan las técnicas a un grupo de jóvenes aprendices. El individualismo apenas existe, los maestros planifican y realizan los dibujos minuciosamente, fijan las pautas de los colores a emplear a sus alumnos y estos se limitan a rellenar los trazos del lapicero sobre el lienzo como si se tratase de librillos de colorear infantiles. Esta forma de trabajo colectivo genera una serie de obras muy similares y escasa calidad pero que el mercado demanda.
Desde la apertura al turismo de Bali en 1965 numerosos artistas balineses y occidentales así como otros llegados desde la cercana Java o Sumatra se han asentado entre Ubud y Mas, trayendo consigo nuevas tendencias como el Pop Art, el Macro Art o el Realismo Mágico que llena actualmente algunas galerías de arte balinesas.
La escultura:
Tallas de madera
Existen dos grandes tendencias a la hora de trabajar las tallas de madera ya que, al igual que la pintura, la escultura ha sufrido una gran transformación. Desde la influencia de los artistas occidentales en los años 30, la escultura tradicional sufrió un periodo de modernización que desembocó en la escultura contemporánea. Las tallas clásicas se realizaban sobre tablas y columnas de madera de los edificios donde se representaban héroes mitológicos y demonios sacados de los textos el Ramayana. Otras tallas decorativas se realizaban en pequeños objetos funcionales como las empuñaduras de los estiletes, los instrumentos musicales (los gamelan) o las máscaras de madera que se emplean para las danzas y el teatro clásico balines.
La demanda y la influencia de compradores occidentales animó a los a los artistas a realizar cambios en sus composiciones y sobre todo en la forma de entender la escultura. La escultura contemporánea comenzó a incluir figuras humanas exageradamente estilizadas y delgadas así como animales en ocasiones tallados grotescamente. La madera tallada pasó de ser un mero objeto decorativo a tener un valor propio como obra de arte y expresión, y el mercado se abrió haciéndose un hueco en prestigiosas galerías de Singapur, Paris o Nueva York. Hoy en día el simbolismo en los motivos de las figuras evidencia una fuerte inclinación por el naturalismo. Los escultores antes de esculpir la madera estudian su forma para sacar provecho a cada porción de la madera, incluso las ramas, que antes eran despreciadas como parte de las obras y darla formas distorsionadas y fantasmales.
Muchas de las figuras de madera que se venden en las tiendas para turistas son simples subvenir creados en las numerosas cadenas de producción familiar y que casi no tienen ningún valor artístico. Los pueblos de Mas, Kemenuh y Sumampan son los centros de artesanos de la madera por excelencia cuyos trabajos de altísima calidad expuestos en las galerías de arte balinesas alcanzan precios casi millonarios. Los trabajos bajo pedido son habituales en estos prestigiosos talleres de tallas de madera.
Una de las escuelas balinesas de escultura sobre madera nació en 1930 cuando el artista holandés Walter Spies propuso a I Tegelan un joven balines tallar una estatua sobre dos largos trozos de madera, unos días mas tarde el escultor llevó a Spies una figura de una mujer de torso alargado. Spies cautivado por la abstracta belleza de la figura animó al artista a continuar con este nuevo estilo a la postre muy bien aceptado por los turistas occidentales.
Durante los años 30 se desarrollaron otras técnicas fruto de la experimentación de los artistas alejándose de las tendencias artísticas pre coloniales. Los pueblos de Peliatan y Nyuh Kuning, cerca de Ubud, son otros dos centros donde escultores renovadores crearon nuevas tendencias. Comenzaron a trabajar la madera esculpiendo motivos de animales de gran realismo así como otros en los que se distorsiona exageradamente las formas y de especial carácter.
I Tjokot fue uno de los precursores más representativo de las nuevas tendencias. Sus obras adquirían un carácter de esculturas funcionales, la madera era tallada aprovechando sus formas naturales para crear lámparas, bandejas, sillas y decenas de muebles y complementos. Los jóvenes escultores actuales han sabido recoger el testigo de esta original tendencia mejorando los diseños acercándolos al gusto occidental. Las obras de I Tjokot pueden verse en el museo Puri Lukisan de Ubud.
Ida Bagus Njana fue el precursor de una serie de esculturas abstractas y fantasmagóricas y otras gruesas y caricaturescas, pariendo de grandes troncos de árboles, unas pequeñas incisiones en la superficie de la madera eran suficientes para dar vida a una obra. Sus trabajos pueden encontrarse en el museo de Ubud. Las gruesas mujeres, los grandes elefantes y ciervos y los sapos burlones de los mercados de Kuta y Ubud son parte del legado que Ida Bagus dejó. Las obras de su hijo, Ida Bagus Tilem tienen un gran prestigio en los mercados internacionales.
Las herramientas empleadas para la talla de madera son bastante sencillas. Debido a la gran actividad que existe en el trabajo de la madera, Bali es probablemente, el mejor sitio de Indonesia para comprar herramientas como cinceles, gubias y buriles de todas las formas imaginables. Se fabrican con las ballestas de los automóviles desguazados a las que se les da la forma deseada. Un juego normal de herramientas está compuesto por 15 gubias, dos mazos de madera y tres cuchillos de varios tamaños.
Las más maderas utilizadas son la teka (jati), la nanjea (nangka o jackfruit), el ébano o el tamarindo son las maderas más utilizadas en la elaboración de tallas del madera y muebles. Bali importa de otras islas como Borneo o Sumatra cantidades ingentes de madera para satisfacer la gran demanda de su industria. Muchas de las maderas son caras de adquirir por lo que se recurre a la picaresca de barnizarlas y pintarlas para oscurecerlas y venderlas como maderas nobles una vez trabajadas e incluso se utiliza betún para los zapatos como “embellecedor” de las maderas. Una forma de averiguar si nos están vendiendo gato por liebre es raspando con una moneda la base de las figuras para quitar el barniz o betún.
Los pueblos de Jati, (teka en lengua indonesia), Tegallalang o Punjung situados en la carretera al monte Batur y Mas, en la carretera de Ubud, son los principales puntos donde encontrar tallas de gran calidad, aunque también muchos talleres de los alrededores se han especializado en la fabricación de simpáticas bandejas de frutas y plataneros de vivos colores elaborados con maderas muy blandas y ligeras.
Los instrumentos de madera de las orquestas gamelan están decorados con unos relieves ricamente trabajados, Pak Gabeleran en Blahbatuh y Tihingan, a 10 km al sur oeste de Klungkung son pueblos especializados en las fabricación de estos instrumentos de madera.
Las máscaras.
En el tallado de la madera, la fabricación de máscaras es por sí solo un arte con personalidad propia. Son necesarias más de 30 máscaras diferentes para interpretar todo el repertorio de las danzas balinesas clásicas, cada personaje de las danzas tiene su propia máscara en las funciones y el artesano ha de conocer el carácter y los movimientos de cada uno de ellos para dar mayor realismo a las máscaras durante las funciones.
Un buena máscara puede llevar de 7 a diez días de trabajo. El trabajo comienza con el vaciado de la parte posterior de la máscara, trabajo que suele llevar dos días. La operación más compleja y delicada es dar forma a los ojos, la nariz y la boca. Puede llevar más de cinco días de trabajo. El conjunto de todos estos elementos será fiel reflejo del carácter y la personalidad del personaje al que representa la máscara por lo que los detalles son cuidadosamente esculpidos en la madera. Una vez lijadas y pulidas se les aplican una serie de capas de pinturas y lacas chinas (hasta cincuenta finas capas) a las que se les añaden polvos de huesos de cerdos para su calcificación y dureza. Algunos de los personajes adquieren un mayor realismo cuando se les añaden largas melenas realizadas con pelo humano.
Las máscaras son consideradas como algo vivo y como tal necesitan un espíritu que las dé vida. Antes de ser utilizadas por los bailarines, son sometidas a una serie de rituales por parte de los sacerdotes con el fin de lograr el equilibrio interior necesario previo a la ocupación de los espíritus.
Algunas máscaras tienen un alto simbolismo religioso y solo se utilizan en determinadas ocasiones, mientras tanto se guardan en lugares sagrados dentro de los templos.
Solo la madera de pule (madera de cocodrilo) que crece en los cementerios, dominios de la diosa Rangda, se utiliza para la elaboración de estas máscaras sagradas. Los nudos de las ramas y del tronco del árbol son la única parte sirve que se utiliza para la fabricación de las máscaras.
Sin ser sagradas, el resto de las máscaras son tratadas con suma delicadeza, guardadas en cajas de madera y protegidas con telas.
Los gustos de los turistas occidentales también han influido en las máscaras y no todas hacen referencias temas de los textos del teatro balines. Los pueblos de Mas y Puaya, en Sukawati son los mejores lugares para adquirir máscaras, las zonas de tiendas de Ubud y Kuta tienen también buenas colecciones de máscaras a la venta para los turistas.
La Isla de Bali Por Alfonso Carrasco ©
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